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Matéricos Periféricos

Paisaje e In-con-formidad.

Inteligencia artificial en la descripción de patrones de configuración y evolución del paisaje para el posterior desarrollo de artefactos “responsivos”

2020-2024

800-201903-0015 UR

Directora: Ana Valderrama

Co-Director: Pedro Ferrazini

Abstract

El presente proyecto explora las posibilidades de la inteligencia artificial en la detección y descripción matemática de patrones de configuración y evolución del paisaje. El objetivo es verificar si es posible concebir artefactos “responsivos” (arquitecturas, ciudades, elementos) capaces de catalizar procesos y propiciar una interacción mutua con el paisaje. El motivo de la investigación se asienta en la detección de un agotamiento de los modelos disciplinares referidos al proceso de determinación y producción de artefactos, al concepto de paisaje, y a la consecuente relación entre ambos. En este sentido, las disciplinas de la arquitectura y el urbanismo han sostenido una conceptualización del paisaje como naturaleza ordenada, completamente determinada, estable y predecible. Consecuentemente se ha recostado en el modelo de “composición formal” donde la  relación entre artefactos y paisaje se reduce a una operación de “colocación”. 

Durante el siglo 20, diferentes teorías contra-hegemónicas abonaron a la concepción de la arquitectura de determinación y de la arquitectura orgánica. Ambas alternativas a la arquitectura de composición formal, entendieron la producción de artefactos como un resultado de una serie de variables surgidas de las condiciones ambientales, climáticas y topográficas del sitio de implantación, sus técnicas constructivas y los materiales propios de la región. En su libro “El significado del espacio arquitectónico desde el Barroco hasta nuestros días” (1969), Giulio Argán inauguraba la idea del proyecto como PROCESO de determinación en contraposición a la composición formal que suponía un sistema de formas válidas previas al registro del lugar y la necesidad específica. Frank Lloyd Wright (1961), por su parte, insistía en que las arquitecturas y las ciudades deberían ser una especie de “desprendimientos” de la topografía y constituirse como parte de ella. Sus definiciones formales solían mostrar analogías estructurales con ciertos organismos naturales, e intentaban implantarse como un “organismo” crecido en un sitio.  Estos desarrollos, si bien realizaron un aporte significativo a la disciplina en su diálogo con los paisajes, utilizaron técnicas de lectura de los territorios sobre la base de la intuición y el talento, impidiendo su reproductividad. 

El relato científico de la naturaleza ha modificado significativamente la idea de naturaleza y de paisaje en las últimas décadas, desplazando el paradigma de “equilibrio” por el paradigma “dinámico” asociado al actual concepto de Resiliencia.  Este paradigma supone que la naturaleza es dinámica, que las disrupciones son parte de los sistemas y no accidentes, y que el estado normal de la naturaleza es un tránsito inestable con permanentes re-ajustes y re-adaptaciones. Si bien las disciplinas de la arquitectura y el urbanismo no han asimilado aún estas contribuciones, si lo han hecho la ecología del paisaje, la arquitectura del paisaje, las ingenierías hidráulicas, las cuales han desarrollado métodos, instrumentos y técnicas de medición, descripción y proyección, modelos matemáticos, simulaciones experimentales y diagramas. En a Landscape Manifesto (2010), Diana Balmori sugiere que el paradigma actual de la naturaleza como ecología demanda una contingencia: una nueva relación entre artefactos y paisaje con la misma fuerza que la industria generó su imaginario en los comienzos del siglo 18. “Todas las cosas de la naturaleza están en constante cambio. Los arquitectos necesitan diseñar para permitir estos cambios para poder abordar la coexistencia entre humanos y el resto de la naturaleza” . Esta corriente de disciplinas reflexionando y operando sobre el paisaje interpelan constantemente las definiciones tradicionales de naturaleza e invitan a repensar nuestra disciplina. Es decir, el paisaje ya no es más considerado una cosa terminada, estable y quieta, sino un PROCESO que evoluciona en el tiempo, producto de negociaciones permanentes. En el año 2010, Kate Orff participó de un concurso para prevenir las inundaciones de la costa de Nueva York. Su proyecto modificó sustancialmente el modo de entender la arquitectura del paisaje hasta la actualidad. Tomando como punto de partida los conceptos vertidos por Ian McHarg en Designing with Nature (1969), Orff diseñó un sistema de redes que capturaban ostras, las cuales luego acumulaban sedimentos, provocando con una pequeña acción la generación de un nuevo ecosistema. Este modo de “operar” gestionando una negociación entre los procesos naturales y los artefactos marcaron el desarrollo de la arquitectura del paisaje en los últimos años. A partir de esta irrupción, diversos arquitectos del paisaje tales como James Corner, han desarrollado una serie de métodos y herramientas para estudiar, medir, describir, ilustrar y proyectar procesos en el tiempo.

Teniendo en cuenta estos dos conceptos: el proyecto es un proceso y el paisaje también es un proceso, el equipo de trabajo ha llevado adelante sucesivas investigaciones desde el año 2011, desarrollando diferentes metodologías y herramientas que han permitido acercar las brechas formales y procesuales entre artefactos y paisajes, propiciando mayores interacciones y contaminaciones. Desde el año 2013 comenzamos a transferir diferentes técnicas de lecturas del paisaje extraídas de las disciplinas de Ecología del Paisaje y Morfodinámica de Ríos, incluyendo fases experimentales de simulación de la evolución de procesos, así como catálogos, colecciones, mapas y diagramas para detectar patrones. Las conclusiones de estos estudios fueron luego volcadas como material de base para el desarrollo de artefactos que intentaron incorporar ,en los procesos de gestación, las lógicas de formación y transformación de los paisajes.  Si bien a partir de los proyectos de investigación anteriores se había logrado una mejor adecuación de los proyectos al lugar, advertimos que para lograr una mejor organicidad o responsividad en los artefactos respecto a los paisajes es necesario avanzar en una mayor precisión de la descripción de los patrones y procesos que configuran los paisajes y una mayor sistematización del proceso de determinación de los artefactos. 

Entre el año 2019 y 2020, el equipo accedió a aplicaciones de inteligencia artificial tales como Cyclegan y Pix2PixHD, que “traducen” imágenes (datos) a imágenes a partir de redes adversas condicionadas. Esta traducción se basa en describir los patrones y organizaciones espaciales de determinados paisajes, y entrenar al software para simular alteraciones y transformaciones de los mismos. Las aplicaciones de inteligencia artificial cambian sustancialmente el modo de abordar las lecturas de territorio hasta ahora. En “Everything is already an image” (2017), John May argumenta que todo dibujo, o mapa realizado a mano o por computadora está condicionado por el movimiento de la mano, y por tanto sus gestos son controlados por la subjetividad humana y la geometría. En cambio, como la inteligencia artificial basada en imágenes trabaja con datos su outputs están condicionados por variables eléctricas y estadísticas. Este cambio conceptual afecta el modo de entender los paisajes, así como los factores de validación de la  arquitectura ya que desplaza la conciencia histórica de la mecánica manual para producir formas por la conciencia estadística de la imagen (datos) en tiempo real para producir probabilidades. Creemos que esta herramienta podría dar nuevas respuestas a las investigaciones relativas a una mejor interacción entre arquitectura y paisaje.

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